domingo, 24 de enero de 2010

hay que saber donde exhibirse


Todo empezó cuando aquella serpiente me trajo una manzana y dio “prueba”, yo me llamaba Adán. Seguramente tu te llamabas Eva, vivíamos de squoters en un piso abandonado de Moratala, si no has estado ahí no has visto el paraíso terrenal, cogimos un colchón de una basura, dos sillas y una mesa con tres patas, mientras yo emborronaba partituras tu freías las patatas.

A Eva le gustaba estar morena y se tumbaba cada tarde al sol, nadie vio nunca una sirena tan desnuda en un balcón, pronto en cada ventana hubo un marido a la hora en que montaba el show mi chica, aunque la tele diera en diferido el Real Madrid-Benfica; un día la víbora del entresuelo en trance a su consorte sorprendió, armó un revuelo y telefoneo al 092, y como no teníamos apellidos ni hojas de parra ni un tío concejal, no sirvió de nada protestar.

Eva tomando el sol, bendito descontrol, besos cebolla y pan, ¡que mas quieres Adán?

Un juez que se creía Dios dispuso que se precintara un guardia en nuestro piso, “no quedan plazas para dos intrusos en el paraíso”; estábamos en el colchón desnudos jugando a nuestro juego favorito, al ver entrar la pasma Eva no pudo soportar un grito, a golpes la bajo por la escalera un ángel disfrazado de alguacil sin importarle un pijo que estuviera encinta de Caín, hoy Eva vende en un supermercado manzanas del pecado original, yo canto en la calle Presciados todos me llaman, Adan.

Eva tomando el sol

Joaquín Sabina

El hombre del traje gris

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